n museo fotográfico virtual de la memoria y la identidad debe constituir un archivo latente, vivo, abierto, participativo y fermental en sus alcances y aplicaciones.
Tanto la labor de los fotógrafos profesionales como la de los aficionados reviste importancia; entrambas nos permiten estudiar la evolución de las costumbres e intereses de las diferentes localidades.
Los primeros fotógrafos que llegaron a partir de la década de 1870 a la entonces Villa Guadalupe y otros centros poblados del departamento solían cumplir giras temporales por la región. Alquilaban una pieza en el lugar más céntrico y buscaban atraer la clientela mediante letreros y anuncios en la prensa. Después de una breve estancia partían hacia la villa siguiente.
También, ahora ya en las primeras décadas del siglo XX, algunos fotógrafos montevideanos adoptaron este mismo “modus operandi”, saliendo de gira por la región canaria en busca del rico filón de sus pequeñas comunidades para tomar fotos a bajo precio y con esmerada terminación. Entre ellos debemos mencionar a Francesco Civitate, Francisco González, Falco y Barros en la zona de Las Piedras y Salazar, fotógrafo minuano de frecuente pasaje por Canelones.
Desde principios del siglo XX algunos fotógrafos comenzaron a radicarse en los centros poblados del departamento, comenzando el proceso de identificación con el lugar y las gentes y convirtiéndose en testigos y protagonistas de los acontecimientos
Uno de los primeros en emplazarse en la ciudad de Canelones fue Domingo Parravicini, titular de la Fotografía Republicana, quien abrió su comercio a principios de 1882 manteniéndose, aunque con altibajos, hasta la primera década del 900.
Durante este período también se instalaron otros, aunque por breve tiempo, como Pedro Chabalgoity (hijo) en 1893 y Pablo Paladino en 1896.
En 1906 apareció el estudio Fotografía Oriental, de Ferrara y Grolero.
Seis años más tarde, en 1912, figura Enrique Pereyra y en 1914 la Fotografía Burgueño, que además se dedicaba a la realización de clichés para diarios y revistas. Burgueño, hombre de múltiples actividades y corresponsal de la revista La Semana de Montevideo, recorrió prácticamente todo el departamento. Estuvo en Las Piedras, de donde lo suponemos oriundo y en Pando, Tala y San Ramón, desde donde abrió sendas sucursales en otras localidades.
En 1925 apareció Foto Luz y 20 años después se instaló un fotógrafo de ascendencia libanesa, Octavio Posada Castro, quien cubrió un extenso periodo hasta la década de 1970, aproximadamente. Nacido en la ciudad de Rivera en 1907, se radicó en el departamento de Canelones hacia 1936, y al mismo tiempo que trabajaba en la casa Bruzzone de Montevideo, tenía un estudio fotográfico en Canelones y luego en Progreso. Los últimos 40 años de su vida los transcurrió en esta ciudad, a la que estuvo profundamente ligado y en la que falleció el 1º de junio de 1980.
Posteriormente aparecieron Toledo y Long, Heber Murialdo, gran fotógrafo fallecido hace poco y Miguel Ángel Vignola, cuyo archivo fotográfico, donado por su familia a la Intendencia Municipal de Canelones, ha resultado la base para la creación del presente museo. Miembro fundador del Instituto Histórico de Canelones, Vignola nació en esta ciudad el 26 de diciembre de 1934 y falleció el 25 de setiembre de 2008. El popular Cacho trabajó como fotógrafo profesional con estudio en la calle Tolentino González y años más tarde entró a desempeñarse como corresponsal y reportero gráfico de BP Color, luego en La Mañana y El Diario y finalmente en Hoy Canelones, el periódico local. Su archivo constituye un importante acervo histórico para la memoria de todos los canarios.
Otros fotógrafos optaron por distintas ciudades del departamento, tal el caso de Ramón Pose López, cuya primera mención corresponde al año 1910, donde figura en el Sauce, a cargo de la fotografía El Porvenir. Ofrecía a la clientela retratos de todo tipo, con el agregado de clases prácticas y trabajos para aficionados, lo que denota que la fotografía de aficionados había adquirido cierta envergadura. En 1911 El Baluarte de Canelones lo ubica en la villa tomando notas gráficas para una publicación montevideana llamada Vida Nueva y en 1921 La Gaceta de San Ramón comenzó a publicar retratos bajo su firma, puesto que se había convertido en colaborador gráfico del periódico. En diciembre de ese mismo año decidió sentar raíces en San Ramón y realizar periódicas giras a las localidades vecinas. Con su cámara registró sucesos notables de la historia local como las inundaciones de 1922, el huracán de octubre de 1925 y ciertos tipos populares de San Ramón.
También en el Santoral ejerció esta actividad Gorki Villalba, quien nació en Santa Rosa el 13 de setiembre de 1926 y falleció el 24 de octubre de 2010. De joven aprendió el oficio con su padre, amante de la fotografía, la que transformó en profesión en San Bautista desde el año 1948, bajo el nombre de Foto Gorki. En 1960 prestó una de sus cámaras a Edison Matiauda, quien, radicado en San Ramón, adoptó esta actividad, la que hoy continúa bajo el nombre de Foto Edison. Gorki fue socio activo del Foto Club Uruguayo y su negocio es continuado por sus hijas, quienes concurren a fiestas y eventos para sacar fotos y realizar filmaciones.
De los extranjeros radicados en el departamento nos referiremos únicamente a Victoriano J. Pérez Suárez, nacido en Oviedo, Asturias, el 23 de mayo de 1869 y llegado al Uruguay hacia 1890 en compañía de sus hermanos. Victoriano, joven inquieto y emprendedor, pasó a vivir a Santa Lucía, donde trabó amistad con Alfredo R. Pernin y Luis Mondino, dos estudiantes de medicina que pasaban sus vacaciones en la localidad, ambos entusiastas de la fotografía amateur y miembros de la Sociedad Fotográfica de Aficionados, institución fundada en Montevideo en 1884, la primera de su tipo en el Río de la Plata. Aprendió con ellos el nuevo arte y poco tiempo después se instaló en la calle Real Nº 140 (Rivera) bajo el nombre de Fotografía del Pueblo. Desde entonces y por más de 30 años, su lente capturó retratos, bodas, bautismos, picnics, paseos campestres, excursiones fono eléctricas e inauguraciones de puentes y edificios, banquetes y fiestas en el Hotel Oriental o en las quintas cercanas. Si bien falleció en 1937, su estudio fue continuado por su hija mayor, María Victoria, quien se hizo cargo hasta el año 1942, en que fue vendido a Francisco Bonfiglio, un italiano empleado en la casa cinematográfica Gluksman, quien lo mantuvo abierto hasta 1947, año en que la Fotografía del Pueblo cerró definitivamente. Según hemos investigado, las fotografías que Pérez Suarez tomó en su dilatada carrera se encuentran desperdigadas entre la población y miembros de la familia. Llamamos la atención de algunas de ellas por su valor histórico documental que hacen al desarrollo de la ciudad y sus edificios, como el Hotel Oriental, la farmacia El Globo, la plaza principal, la ribera del río, etc.
En otras e importantes localidades existieron numerosos fotografos cuya trayectoria no nos fue posible hasta ahora investigar, tales como Teobaldo Carámbula, Salvador Gutiérrez, Darío Rijo, Estudio Mayo y Sabas Olaizola en Las Piedras; Ramòn Fernández, José Aldabalde y Cancela en La Paz; Carlos Borreani e hijos en Pando y Álvarez Melo y un interesante aficionado, el Prof. Aolo Charrier, en San Jacinto.
Por otra parte, y como señalamos al comienzo, otra veta importante del material grafico es generado por los aficionados. Desde 1900 hemos detectado en la prensa canaria avisos de venta de maquinas de fotos sencillas, lo que propició la práctica de la fotografía amateur. Un excelente ejemplo al respecto es el de Arístides Gardei, cuya obra amerita una seria investigación. En Pando, ciudad tan industrial como activa en el desarrollo cultural, siempre existió un gran movimiento de aficionados, ya en 1896 registramos en la prensa la existencia del Centro Fotográfico de Aficionados y de numerosos coleccionistas de material gráfico e histórico.
Debemos, asimismo, destacar el trabajo del Foto Club Canelones que desde 2004 viene realizando una serie de exposiciones y actividades orientadas a rescatar y difundir un importante acervo documental. Entre sus directivos se cuentan Carlos Morena, Omar Sosa, Raúl Stabile y Edgardo Bonino, entre otros.
En síntesis presentamos una visión panorámica del origen del rico acervo fotográfico documental del departamento. Presentación incompleta ya que resultaría imposible reunir en esta presentación a todos los fotógrafos actuantes en el departamento, investigación que será abordada en mi próximo libro sobre la Historia de la Fotografía en el interior del país.
En tiempos en que el soporte virtual ha ido desplazando al papel, no podemos más que celebrar un proyecto de esta naturaleza, destinado a perpetuar la memoria y la identidad colectiva del departamento.
Juan Antonio Varese
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